LA BELLE ÉPOQUE

 

A principios del siglo XX Francia disfrutaba de una época de paz. Era lo que se llamó La Belle Époque, en plena era Victoriana. La derrota de Francia en 1870 en la Guerra Franco Prusiana, que marcó el fin del Segundo Imperio de Napoleon III, había dejado al país sumido en una profunda depresión económica, de la cual se recuperó plenamente a partir de 1896. Había un optimismo generalizado en el progreso, que parecía no tener límites. El progreso material se expresaba en el desarrollo de industrias, redes ferroviarias, pueblos y ciudades que surgían por todos lados. Francia había expandido su Imperio Colonial, tenía un poderoso ejército y lograba afianzar entonces su poder económico, Solo quedaba asegurar para siempre poder vivir en  paz, y afirmar la prosperidad y el progreso.

En 1900 se realiza la más importante Exposición Universal de Francia, en Paris, con la afluencia de más de 50 millones de visitantes de todo el mundo. Se presentan los últimos adelantos científicos, la iluminación nocturna, el cine de los hermanos Lumiére, la primera línea de metro de Paris.

La vida relajada se manifestaba en los cafés, cabarets, restaurants y teatros frecuentados por una clase media económicamente confortable.

Mi abuelo Gaston y su familia se instalan entonces en Paris, para disfrutar de los beneficios de una Francia otra vez pujante.

LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL (1914-1918)

Pero entonces surge lo imprevisible, lo accidental, y el curso de la Historia se desvía. Se desvía la Historia del mundo y la de  mi abuelo Gastón. El 28 de Junio de 1914, un nacionalista serbio, Gavrilo Princip, dispara un tiro a la cabeza del Archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austro-húngaro, en su visita a la ciudad de Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina. Austria-Hungría, a raíz del suceso, declara la guerra a Serbia. Por el juego de alianzas europeas, Alemania defiende a Austria-Hungría y enfrenta a Francia, Gran Bretaña y Rusia. Ya está desencadenada la Primera Guerra Mundial, que duraría 4 años, hasta 1918. Esta guerra tuvo una matanza terrible, y costó millones de vidas, más incluso que la Segunda Guerra Mundial.

Mi abuelo Gaston es reclutado, como todos los franceses, para servir al Ejército. Va con el grado de Caporal. Y pelea en Verdun en 1916. Mi abuelo contaba que la vida en las trincheras era terrible: la comida tardaba meses en llegar, y debían alimentarse con guisos de barro cocido y las hierbas que encontraran. Cuando veían a la noche una luz en el cielo, los invadía el pánico al pensar que eso podía ser una bomba que estallaría en segundos en su trinchera. Meses enteros sin dormir tranquilos en la noche, enfermos y con un stress permanente. Gaston enfermó de disentería, y estuvo hospitalizado. Luego, para poder escapar del horror de la guerra, él contaba que se provocó una infección frotándose jabón en los ojos, con lo cual pudo salir del hospital, y cruzar los Pirineos, llegando a Barcelona.

Cómo podría transformarse la vida de un hombre de 40 años después de vivir todo ese horror?

Verdun, 1916

En 1915 la esposa de mi abuelo Gaston vuelve a Buenos Aires, con sus dos hijos, donde llega el 31 de Diciembre de ese año. El queda solo en Francia, sin su familia y en plena guerra. Inicia una relación sentimental con una dama belga, Madeleine Ragot, con quien tiene una hija, Irene, en 1917. Pero se enamora de su sobrina Suzanne Godineau, la hija de su hermana Adéline -ya fallecida-, quien vive en Paris con su padre y sus 3 hermanas. En 1916, mientras Suzanne trabajaba -obligatoriamente, en una fábrica de obuses en Paris, como contribución civil a la guerra- él se contacta con ella y le propone viajar con él a Buenos Aires. Suzanne Godineau es mi abuela. Ella, ya embarazada de mi tía Arlette, acepta. Ella sale de Marsella y llega a Buenos Aires el 11 de Agosto de 1916, a bordo del buque “Pampa” , a sus 23 años. El sale de Barcelona y llega a Buenos Aires el 18 de Agosto de 1916, en el buque Cádiz. Anotan el nacimiento de Arlette en el puerto de Montevideo.

Gaston tenía entonces 40 años, se había librado de la guerra y tenía una nueva familia. Todos los horrores, y una vida pasada, con familia e hijos, habían quedado atrás como un recuerdo.

IRENE BRIAND- MADELEINE RAGOT

 

Madeleine Ragot e Irene Briand visitan luego a mi abuelo Gaston en Buenos Aires, en 1936. Irene trabajaba entonces como domadora de panteras en un circo en Francia. Después de la Segunda Guerra Mundial, no supimos más nada de ella, ni de su madre.

 

Atrás de la foto dice, con su letra: "Ici Je pense comme Je veux être heureuse près de mon Papá chèri. Ta fille, Irene." >>>

Cuántas circunstancias pueden llevar a un hombre a ser un extraño dentro de su propio mundo...

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